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¿Acoso en las universidades? Las estudiantes luchamos por espacios seguros

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Autor: 
Comuna Feminista Ivonne Ríos

Hace poco reflexionábamos con mi mamá y mi hermana sobre las diversas situaciones y las consecuencias del machismo en nuestras vidas. Durante la conversación recordé que a mis 12 años, mientras cursaba séptimo de bachillerato, estaba sentada con mi mejor amiga en el salón, cuando se acercó un niño y nos preguntó: ¿quieren saber cuánto mide mi pene? incómodas y asustadas respondimos que NO. Sin importar nuestra respuesta, sacó su miembro frente a nosotras aunque repetidamente le pedíamos que se tapara. Con picardía se lo guardó y se fue del lugar. Ese niño era el mismo que constantemente decía en voz alta un top 3 de niñas del salón con las que se acostaría, nos ponía espejos debajo de la silla y nos levantaba la falda y salía corriendo. Amigas, con 12 años ese niño ya sentía poder sobre mí, me acosó y yo no me di cuenta.

Mi experiencia es una muestra que ni los colegios ni las Instituciones de Educación Superior (IES) son espacios seguros para las niñas y las mujeres. Si alguna vez nos preguntaran por las veces que hemos sido violentadas, tendrían que sentarse a escuchar por horas las historias de nuestro paso por el espacio público y privado. Ahora que estudio en una universidad privada y tenemos una colectiva para recibir denuncias sobre el tema, reflexiono que el acoso sexual y las Violencias Basadas en Género (VBG) son constantes y se ocultan por la normalización del acoso y la violencia contra la mujer, la ineptitud de las IES para tramitar estos casos, el desconocimiento y la falta de voluntad para crear protocolos y acompañar  a las mujeres, el miedo a perder el prestigio y que las denuncias salgan a la luz pública, entre una larga lista.

La falta de voluntad de las instituciones estatales y de las universidades en este tema hace que en la actualidad no haya cifras exactas, ni estudios sobre casos de acoso y VBG dentro de los espacios universitarios. Son escazas las investigaciones como la del medio informativo Vice, que encontró que entre 2008 y 2017 se reportaron alrededor de 10.830 denuncias por el delito de acoso sexual, que muchas veces se quedan sin respuesta. Las mujeres organizadas hemos tomado muchas veces la iniciativa, que de por sí debería ser de la rectoría, las facultades y por supuesto bienestar universitario. Desde la inexperiencia, pero sobre todo desde nuestra empatía y sororidad, hemos inventado y errado en el camino, hemos hecho el acompañamiento que una compañera o una amiga podría necesitar, pero que no reemplazará el de psicólogas y abogadas especializadas en el tema. Hemos hecho presión a las instituciones, pero lastimosamente vemos cómo nos siguen revictimizando.

Esto no puede seguir pasando, no se puede limitar a la voluntad de las directivas la construcción de universidades seguras para nosotras. Tampoco pueden seguir tomando caminos desiguales en la lucha contra la violencia y el acoso sexual, porque aunque algunas instituciones han avanzado en la ejecución de rutas o protocolos para este tipo de casos, todavía hay dificultades en la difusión y en el estudio cuantitativo y cualitativo de las denuncias.

Es necesario que el Ministerio de Educación cree una política integral que erradique las violencias basadas en género y sexualidad (VBGS) en las Instituciones de Educación Superior, tanto para estudiantes como para profesoras y trabajadoras. Para la construcción y discusión de esta política, algunas mujeres hemos dialogado sobre posibles lineamientos a tener en cuenta como: crear sanciones ejemplarizantes; llevar un control, estadísticas y documentación que evidencie la situación en las universidad sobre casos de acoso y VBGS; crear mecanismos amplios y diversos (mesas de mujeres en las universidades), donde confluyan las facultades, bienestar universitario, las colectivas de género y en general la comunidad universitaria, para la creación y/o cumplimiento de los protocolos; contar con acompañamiento psicosocial y jurídico para las víctimas y destinar presupuesto anual para el cumplimiento de los protocolos y la creación y difusión de campañas de sensibilización.

Actualmente, no contamos con un gobierno y una clase política que se manifieste a favor de los derechos políticos, sociales, económicos y sexuales de las mujeres y de las diversidades sexuales y de género. Es por esto que necesitamos estar unidas, fuertes y sororas. Hemos dado los primeros pasos, como la primera audiencia pública donde estudiantes y profesoras de IES expresaron con vehemencia al Viceministro de Educación y a las directivas el desacuerdo con que se invisibilicen las VBGS y no se creen protocolos bajo la excusa de la autonomía universitaria. Así como poner un alto a los hostigamientos de la institucionalidad para que las mujeres guarden silencio.

Hoy, las y los estudiantes han librado una digna lucha con el gobierno para exigir educación pública, gratuita y de calidad, mejor dicho, una educación al alcance de nuestros sueños, que se ve materializada en el clamor de la movilización social y popular y el paro estudiantil. El papel de la mujer en el movimiento estudiantil no es de segunda clase como había sido siempre. He visto compañeras siendo grandes voceras, así como colectivas con sus trapos en las marchas para incomodar al machismo y denunciando las violencias estructurales que sufrimos, como: mayores dificultades para acceder a la educación superior, estereotipos de género, desfinanciación de las investigaciones con enfoque de género, entre otras.

Gracias mujeres fuertes que no desfallecen en la búsqueda de una educación antipatriarcal. Sigan poniendo sobre la mesa nuestras exigencias, IES sin acoso y sin violencia. No olvidemos nunca que la revolución será feminista o no será.

 

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