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El periodista y las trenzas

Español
Autor: 
Olga Lucía Marín

Recordando al camarada Jacobo en estos complicados días políticos, vino a mi mente una mujer que jugó un papel importe para él y la información que producía: Carolina Trenzas, así la llamábamos, así la recordamos.

Ella era secretaria. Sabía mecanografía y taquigrafía. Almacenaba todo lo que el camarada Jacobo producía, que era mucho: comunicados, cartas a personalidades de la política colombiana, documentos de discusión interna, libros; grababa en casetes sus conferencias. Carolina le organizaba la vida política del camarada.

Pero no solo era secretaria. Muchas veces ejerció el mando en la unidad de guardia, participaba en las charlas, se relacionaba con la guerrillerada con alegría y humildad.

Una vez, en alguna de las tantas visitas de personalidades al campamento de La Caucha, coincidieron Arturo Alape, que en ese entonces entrevistaba al camarada Manuel para sus dos libros de la historia de las FARC a través de la vida de Marulanda: Las Vidas de Tirojifo y Los sueños y las montañas; el poeta Juvenal Herrera, con su esposa; un profesor de física, con su pareja, una elegante mujer que andaba por los campamentos en tacones de punta y pantalón muy corto; el cura Camilo que en aquella época tenía compañera y un periodista de Colprensa, que iba por dos o tres días y una, dos semanas después seguía en el campamento.

Toda esta gente dormía en un salón grande que había al lado de mi caleta, así que siempre estaba enterada de todo lo que allí pasaba: Chistes, burlas a la pareja físico-modelo, cura con novia, entre otros.

Todo indicaba que el ambiente fraternal y dicharachero que reinaba en esos días eran el motivo de la demora del periodista. Llegó la preocupación desde Bogotá: ¿Sería que Jacobo Arenas secuestró al periodista? El camarada lo mandó a llamar y ¡oh! sorpresa: “No me voy, aún tengo trabajo aquí”. Le dio unos teléfonos y una nota para sus jefes.

Entre chanza y chanza aquel colectivo entró en mucha confianza y el periodista mantenía maravillado con la prosa del poeta que en las horas culturales nos deleitaba con sus versos y sus coplas. Un día no se sabe cómo llegó a manos de Juvenal y Alape un poema muy singular. Estaba dedicado a Carolina Trenzas. Se convirtió en la comidilla de estos grandes de la palabra escrita, se reían y sacaban conclusiones hasta que descubrieron el autor: ¡El Periodista! ¡Ah!, ¡por eso no se iba!, ¡se había enamorado de Carolina! Él quería escribir así de bonito como el poeta y se arriesgó a garrapaterar en una hoja de cuaderno, pero le daba pena mostrar su obra a los demás. Y a Carolina solo la miraba a distancia, sin decirle nada.

Era demasiado tentador el descubrimiento para estos dos señores jocosos, burleteros de la vida, compartir esa historia que hasta ahora disfrutaban ellos solos. Así que aprovecharon la hora cultural, con más o menos unas 200 personas entre guerrillerada y población civil que siempre nos acompañaba. Cuando comenzaron a leer aquel poema: Carolina Trenzas, Trenzas Carolina… la risotada fue estruendosa. El periodista, colorado, no sabía dónde meterse y Carolina estaba furiosa. 

El camarada Jacobo se reía a carcajadas y entre una y otra, decía: ¡Ah, por eso era la demora!

Luego de unos días, Carolina muy enojada todavía, les gritaba a los escritores que se gozaban al comunicador: "¡Pero si nunca me dijo ni mu, desvergonzados!". Él entre risas confesó su amor silencioso, nunca se había atrevido a decirle algo en serio, menos después de semejante espectáculo.

El enamorado al fin decidió retornar a Bogotá. Una semana después llegó un recorte de periódico con su crónica de viaje y, al final, el poema de amor dedicado a Carolina Trenzas.

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