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Autor: 
Violeta Narváez, ETCR “El Negro Eliécer Gaitán”
  • ¿Qué significa para ustedes el ETCR?, preguntó la profesora.
  • La luz, dijeron varios.

Aquella mujer, que venía desde Bogotá a facilitar un taller con los niños, en serio pensó que se trataba de algo filosófico, más bien platónico. Y sí, aquello tenía mucho de filosofía, pero no de la del Mito de la caverna. Los niños no demoraron en explicarse:

  • El ETCR significa luz, porque acá podemos conseguir agüita fría y venir a ver televisión donde Aleida.

Alrededor del ETCR “El Negro Eliécer Gaitán” solo hay casitas apagadas cada noche. Hacen parte de las veredas Caño Indio, El Taladro, Chiquinquirá y Palmeras Mirador. Como parte del Acuerdo el gobierno está en la obligación de garantizar el acceso a la energía eléctrica a los espacios donde se desarrolla el proceso de reincorporación de exguerrilleros y exguerrilleras. Por ello, en “El Negro Eliécer…” hay un par de plantas eléctricas alimentadas con ACPM. Ellas alcanzan a solucionar la demanda mínima del ETCR en temas de economía doméstica e iluminación de las áreas colectivas, pero no para proyectos productivos.

  • Nosotros podemos garantizar la llegada del tendido eléctrico al ETCR, dijo el gobierno.

Los miembros de la Junta Administrativa del ETCR solo imaginaban aquella imagen tan grotesca: Las comunidades cercanas, apagadas, viendo pasar sobre sus terrenos el cable y los postes de la electricidad de los excombatientes.

Por supuesto se dijo que no, que así no queríamos el tendido eléctrico. Se conformó un Núcleo Veredal compuesto por el ETCR y las cuatro veredas cercanas y un plan conjunto, que recogiera las necesidades más imperiosas: titulación de tierras, proyectos productivos, vías y electrificación.

Cualquiera que poco conozca del tema, podrá pensar que llegamos como Papá Noel, a resolverle los problemas a la gente, pero lo cierto es que el ETCR se ha convertido en el centro de ese trabajo organizado hace mucho tiempo por las comunidades para salir adelante y el proceso de reincorporación el marco que amplía las posibilidades de solución a los problemas que son más viejos que esas veredas.

Desde que aceptaron que la Zona Veredal Transitoria de Normalización se estableciera en Caño Indio, todo ha sido trabajo colectivo. Así ha sido posible la inclusión de campesinos y campesinas al programa educativo “Arando la educación” para nivelación de bachillerato y el mejoramiento de la carretera (que sigue demandando la mano del Estado). También la construcción en el ETCR de un salón comunal, un corral con báscula para ganado, de uso comunitario y el puesto de salud que corresponde a todo el Núcleo Veredal (tras decisión asamblearia de las comunidades).

Cada paso para la concreción de todo esto ha sido resultado del trabajo con los Presidentes de las Juntas de Acción Comunal, organizaciones campesinas como ASCAMCAT, empresas, la Iglesia Católica encabezada por el Padre Víctor Hugo, muy querido en la región, la ONU y funcionarios de instituciones que se han comprometido realmente con su trabajo social y hasta el ejército.

Ha implicado un ejercicio importante de comunicación, de trabajo en equipo, de respeto a la diferencia, de entender al otro. No ha sido fácil ni amable del todo ese proceso. Las contradicciones a solucionar son bastante profundas. Sin embargo, todos hemos ido aprendiendo de esa experiencia y aunque falta mucho por hacer, vamos avanzando cada vez más firmes.

No sé qué piensen ustedes, pero para mí esto es la paz. El universo de posibilidades que se abren para construir en conjunto. Ese proceso en el que no solo estamos implicados FARC y gobierno, sino una colectividad mucho más amplia y diversa, volcada a pensarse y ser país de una manera diferente. Ese proceso que no está ni terminado ni derrotado, sino que va siendo, con el concurso de muchas manos y voces.

Hoy, al pasar por la vía maltrecha que conecta el ETCR con la carretera de Tibú a La Gabarra, vemos a los obreros electricistas ubicando los postes del tendido eléctrico. Sabemos que, si hubiésemos aceptado la propuesta inicial del gobierno, hace mucho tendríamos mayor acceso a la electricidad, pero ahora, poco a poco, las comunidades cercanas se irán alumbrando hasta que nos toque el turno a nosotros (buscando sí, la manera de que eso pase más rápido).

Mientras tanto, seguimos trabajando en todo lo que tenemos pendiente, con el agüita fría del ETCR y el compromiso de paz de todo el que se quiera sumar a esta lucha. Queda mucho que disputar todavía, pero tengo una certeza: este barco no lo para nadie.

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